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Existe la idea, tanto científica como popular, de que, así como todos los órganos de nuestro cuerpo se debilitan con la edad, nuestro cerebro también lo hace. Se cree que esto se traduce en un deterioro cognitivo, incluyendo la velocidad de procesamiento, la memoria y la atención.
Aunque se reconoce que los músculos se pueden fortalecer con ejercicio a cualquier edad, previniendo así el inevitable deterioro físico, no se ve el cerebro adulto de la misma manera. Es ampliamente aceptado que el cerebro inmaduro de un niño tiene una gran capacidad de cambio, y por eso el entrenamiento y la exposición en los primeros años son cruciales para el futuro. Sin embargo, el cerebro adulto se percibe como fijo, estático y completamente establecido. Entonces, ¿es correcta esta perspectiva?

La plasticidad neuronal se refiere a cambios duraderos a nivel neuronal que, según estudios empíricos, son estimulados por la experiencia, tanto cognitiva como física. Ejemplos de plasticidad neuronal incluyen la neurogénesis, la sinaptogénesis, la arborización dendrítica y la reorganización de redes neuronales.
En primer lugar, los estudios han demostrado continuamente que la neurogénesis adulta —el nacimiento de nuevas células cerebrales— es posible, tanto en animales como en humanos: Joseph Altman lo informó en gatos (1971), Fernando Nottlebohm lo informó en pájaros (2002), Michael Kaplan lo demostró en ratas (1977) y Peter Eriksson lo demostró en hipocampos de humanos (1998).
Si el cerebro estuviera realmente fijo, no sería capaz de generar nuevas neuronas.
En segundo lugar, las investigaciones han demostrado que el entrenamiento en la edad adulta podría provocar cambios en la organización cerebral, específicamente en la corteza cerebral. Bogdan Draganski demostró que un grupo de personas que aprendieron a hacer malabarismos durante tres meses presentó un aumento del área MT y del surco intraparietal después del entrenamiento, y que estas expansiones se revirtieron (aunque no por completo) tres meses después de suspender la práctica (2004). Existe amplia evidencia de la existencia de neuroplasticidad, con trabajos pioneros de los grupos de investigación de Michael Merzenich y Edward Taub.
Estos resultados indican que el cerebro adulto conserva la capacidad de experimentar cambios. Esta capacidad tiene un nombre específico: plasticidad. Tu cerebro es plástico y tienes el poder de modificarlo a cualquier edad. No está "cableado rígidamente", como afirman las visiones fatalistas, sino que, en realidad, está "cableado flexiblemente".

Esta idea es sumamente importante: a medida que la población envejece y la recesión económica reduce los ahorros, las personas mayores permanecerán más tiempo en el mercado laboral. Estas personas deberán cuidar su salud física y cognitiva. El envejecimiento afecta funciones mentales como la atención, la memoria, la percepción, el habla y el lenguaje, la toma de decisiones y la resolución de problemas. El deterioro cognitivo asociado a la edad suele considerarse un inevitable .
Sin embargo, una gran proporción de adultos mayores no presenta signos de deterioro cognitivo, lo que podría estar relacionado con su neuroplasticidad. Nuestra capacidad para modificar nuestro cerebro a cualquier edad nos permite controlar nuestros procesos y llevar una vida mejor. Si el cerebro es capaz de cambiar a cualquier edad, significa que podemos volvernos más rápidos, más atentos y con mejor memoria, a cualquier edad. Esto significa que, incluso con la carga de las lesiones o el envejecimiento, aún podemos controlar nuestra cognición. La neuroplasticidad es nuestra mejor opción para evitar el deterioro cognitivo.
“Quien deja de aprender es viejo, ya tenga veinte u ochenta años.” — Henry Ford
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