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Aunque una respiración suele ocurrir en un par de segundos, las investigaciones han descubierto que la actividad cerebral cambia según el tipo de respiración. Neurocientíficos de Northwestern Medicine revelaron que el ritmo respiratorio puede utilizarse para mejorar la actividad cerebral humana y, por lo tanto, el juicio y la memoria.
En investigaciones anteriores, se centró la atención en pacientes con epilepsia mediante la implantación de electrodos en el cerebro como preparación para el tratamiento quirúrgico. Esto proporcionó información única sobre el estado mental de los sujetos mediante datos electrofisiológicos en vivo.
Los datos reflejaron cambios agudos en las funciones cerebrales durante cada fracción de segundo de respiración. Esta actividad se produce en áreas cerebrales donde se procesan las emociones, la memoria y los olores.
Esto llevó a los científicos a comprobar cómo los patrones de pensamiento pueden cambiar durante la respiración al someter a los sujetos a una tarea de reconocimiento de emociones. La tarea consistía en observar imágenes breves de rostros de personas con miedo o sorpresa, y reaccionar con la mayor rapidez posible para identificar cuál era cuál.
Las imágenes aterradoras tenían como objetivo activar la amígdala, un área del cerebro que procesa las emociones, particularmente si están relacionadas con el miedo, como en una situación de lucha o huida.
Al mostrar rostros de miedo durante la inhalación, estos se reconocían mucho más rápido que al exhalar o ver rostros que expresaban sorpresa. Más específicamente, estas reacciones mejoradas fueron más pronunciadas al respirar por la nariz que por la boca. En resumen, la inhalación nasal potenció las reacciones a los estímulos de miedo.
Otra versión del experimento también mostró una mejora de la función de la memoria en las mismas condiciones, donde la inhalación nasal tuvo nuevamente los efectos más fuertes. En conjunto, estos resultados indican fluctuaciones rápidas en el funcionamiento de las regiones cerebrales de la amígdala (emocional) y el hipocampo (memoria). La autora principal del estudio, Christina Zelano, resumió los resultados.
Uno de los principales hallazgos de este estudio es que existe una diferencia drástica en la actividad cerebral de la amígdala y el hipocampo durante la inhalación en comparación con la exhalación. Al inhalar, descubrimos que se estimulan neuronas en la corteza olfativa, la amígdala y el hipocampo, en todo el sistema límbico
Cuando el ritmo respiratorio se acelera, la inhalación requiere mayor esfuerzo y, por lo tanto, dura más que la exhalación. Esto significa que, en un estado de pánico o excitación, la memoria y el procesamiento emocional reciben un mayor impulso, lo que podría proporcionar una ventaja en situaciones peligrosas.
En deportes donde la presión es alta y las habilidades cognitivas suelen verse forzadas, la respiración también puede ayudar a los atletas a rendir en su zona, incluso acortando sus tiempos de reacción. Algunos psicólogos y entrenadores deportivos enfatizan la importancia de la respiración para optimizar el rendimiento, algo que esta investigación podría respaldar.
Estos efectos también podrían ayudar a explicar el énfasis en respirar profundamente durante la meditación y el yoga, un principio fundamental en su práctica. Como explicó Zelano: «Al inhalar, en cierto modo se sincronizan las oscilaciones cerebrales a través del sistema límbico».
La conclusión simple es que el control consciente de inhalar por la nariz durante más tiempo y luego exhalar rápidamente puede optimizar el rendimiento mental.
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