Christina Epifano
22 de abril de 2026
Imagen

Al cumplirse un año desde mi incorporación a CrossFit de la Cité, he estado reflexionando sobre todo lo que he aprendido este último año, no solo a nivel físico, sino también sobre cómo funciona realmente la constancia.

Como muchas personas que intentan compaginar el trabajo, la familia y las exigencias cotidianas, hay momentos en que se sienten agobiadas. No siempre de forma drástica, sino de una manera constante y persistente que puede hacer que sea fácil relegar el propio bienestar a un segundo plano.

Durante el último año, una de las lecciones más importantes que he aprendido es que mantenerse bien no se logra haciendo algo grandioso, sino más bien haciendo pequeñas cosas con constancia. Lo que no esperaba es que la constancia no se trata tanto de motivación, sino de cómo la mente y el cuerpo se adaptan con el tiempo.

Por qué los pequeños pasos importan

Justo antes de comenzar el año de formación (yo a la derecha)

Cuando la gente piensa en progreso, suele imaginarse intensidad: un estallido de motivación o una nueva rutina drástica. Pero mi experiencia ha sido mucho más sencilla y sostenible.

El verdadero progreso surgió de la constancia. De mantener algunos hábitos positivos, incluso cuando la vida se volvía ajetreada o estresante. Con el tiempo, esas pequeñas acciones dejaron de requerir esfuerzo y se volvieron automáticas.

CrossFit se convirtió en uno de esos pilares fundamentales para mí. Me brindó un espacio para concentrarme, mantener la disciplina y seguir adelante día a día. Hay algo poderoso en retomar una práctica con regularidad y ver los resultados a largo plazo.

No se trata de ser perfecto. Se trata de generar confianza en uno mismo a través de la repetición y, con el tiempo, necesitar menos esfuerzo para hacer las cosas que antes parecían difíciles.

Con el tiempo, he experimentado cambios reales no solo a nivel físico, sino también en mi mentalidad, energía, confianza, disciplina y capacidad para manejar el estrés.

Creando un espacio para reiniciar

Además, la meditación también ha desempeñado un papel importante para ayudarme a mantenerme centrada. Tomarme un tiempo para bajar el ritmo y crear un espacio mental ha sido tan importante como la parte más activa de mi rutina.

Este último año ha puesto de manifiesto la profunda conexión entre la mente y el cuerpo. Cuando uno se sobrecarga o se descuida, el otro lo resiente. Cuando ambos reciben apoyo, aunque sea en pequeños detalles, todo se vuelve más manejable.

Lo que más me gusta es tener acceso a herramientas sencillas que me ayudan a desconectar en tiempo real, ya sea un ejercicio de respiración rápido durante un momento de estrés o una sesión guiada antes de dormir. Estos pequeños cambios marcan una gran diferencia.

Las personas que nos ayudan a mantenernos en el buen camino

Eliana (izquierda) y yo en Cross Fit temprano por la mañana

Otra cosa que quedó clara este año es que la constancia es más fácil de mantener cuando no se trabaja solo. El apoyo, la responsabilidad y el ánimo son más importantes de lo que solemos pensar.

Me gustaría hacer una mención especial a una de mis mejores amigas, Eliana Landori, quien me introdujo al entrenamiento de fuerza y ​​al CrossFit, y se convirtió tanto en mi compañera de apoyo como en una de mis mayores defensoras.

En los días en que me sentía desmotivada o cansada, estabas ahí, animándome, recordándome mis objetivos y ayudándome a mantenerme comprometida, estuvieras cerca o lejos.

Gracias a ti, no solo adquirí un hábito, sino que también desarrollé fuerza, disciplina y confianza en mí misma. Estoy inmensamente agradecida.

También estoy profundamente agradecida a las comunidades que me apoyaron este año. CrossFit de la Cité es un lugar al que siempre regreso, gracias a los entrenadores y a la gente de allí. Mi práctica de meditación en línea con Practice by Erica también me ayudó a mantenerme centrada, tranquila y presente.

En conjunto, estas rutinas y sistemas de apoyo no solo me mantuvieron activa, sino que también me ayudaron a construir un ritmo de vida más equilibrado y sostenible.

Un recordatorio personal

En el trabajo, dedico mucho tiempo a pensar en el rendimiento, la resiliencia y lo que permite a las personas mantener la constancia en entornos exigentes.

Como cofundador de NeuroTracker, y con formación en neurociencia, he visto de primera mano que la consistencia no es solo conductual, sino también cognitiva.

La capacidad de mantener la concentración, gestionar el estrés y rendir bajo presión es algo que se puede entrenar, al igual que la condición física.

Lo que este último año me ha confirmado personalmente es que los mismos principios se aplican en todas partes. La constancia mejora cuando el sistema que la sustenta se vuelve más eficiente. Cuando la mente es capaz de gestionar mejor la atención, procesar la información y manejar el estrés, todo lo demás —desde el ejercicio hasta los hábitos diarios— resulta más fácil de mantener.

Reflexión final

Este año nos ha recordado que el progreso no consiste en esforzarse más, sino en construir sistemas que faciliten la participación.

Pequeñas acciones diarias. Esfuerzo constante. El apoyo adecuado.

Con el tiempo, la constancia deja de sentirse como algo que hay que forzar y empieza a formar parte de quién eres.

La constancia no es fuerza de voluntad, es una capacidad que se desarrolla con la práctica.

Y cuando cuidas tanto tu mente como tu cuerpo, es cuando comienza el progreso real y duradero.

Síganos

Flecha

Comience a usar NeuroTracker

¡Gracias! ¡Tu envío ha sido recibido!
¡Ups! Algo salió mal al enviar el formulario.

Respaldado por la investigación

Síganos

Noticias relacionadas

No se encontraron artículos.
incógnita
incógnita