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¿Alguna vez te has preguntado por qué te frotas la cabeza instintivamente después de un golpe? ¿Por qué tiemblas la mano después de quemarte? ¿Por qué tus padres te acarician la rodilla después de una caída?

¿O por qué de alguna manera se sentiría bien?

Además de funciones reconocidas como la cognición, el movimiento y la percepción sensorial, nuestro cerebro posee una increíble capacidad oculta: la capacidad de desplegar mecanismos útiles que operan sin ser conscientes. Las reacciones secundarias al dolor mencionadas anteriormente (frotarse, moverse rápidamente y acariciarse) no son fenómenos patológicos, sino características de nuestro sistema nervioso evolucionado. Para comprender estas reacciones, debemos comenzar por comprender su causa y su mecanismo de funcionamiento.

Entendiendo la nocicepción

En toda nuestra piel y tejidos profundos, tenemos diferentes estructuras que responden a distintos tipos de estímulos. Algunas responden al tacto, otras a la propiocepción y otras a estímulos nocivos o dañinos. Estos se denominan nociceptores y se activan ante la presentación de diferentes estímulos (temperaturas extremas, presión intensa, sustancias químicas intensas), razón por la cual diferentes elementos del entorno pueden provocarnos dolor.

Pero la simple activación de estos nociceptores no basta para inducir la percepción del dolor. Como afirmó Descartes, el dolor es percibido por el cerebro. Las señales deben llegar al cerebro para que se sientan. Existen dos modos de transporte posibles para las señales nocivas: pueden viajar a través de los axones Aδ, más rápidos (de 5 a 30 m/s), o a través de los axones C, más lentos (menos de 1,0 m/s). Se considera que ambos axones tienen diámetros pequeños y son más lentos que otras fibras más grandes en la conducción de señales.

A través de estas fibras, la señal se transmite al cerebro. Pero esto no ocurre mediante una conexión directa fija. Es un proceso mucho más complejo y dinámico que implica modulación.

Modulación del dolor

Antes de llegar al cerebro, las señales se detienen en la médula espinal. En esta estación se encuentra una idea central propuesta por Ronald Melzack y Patrick Wall en 1965 que revolucionaría la investigación del dolor: la Teoría del Control de la Puerta del Dolor. Esta teoría sugiere que la médula espinal contiene una "puerta" neurológica que puede permitir que las señales de dolor continúen hacia el cerebro (abrir la puerta) o bloquearlas (cerrar la puerta).

En la médula espinal, las fibras pequeñas que transportan señales de dolor suprimen las células de freno (interneuronas inhibidoras), que normalmente controlan las células de transmisión responsables de enviar señales de dolor al cerebro. Cuando estas células de freno se inhiben, las células de transmisión se vuelven más activas, permitiendo que las señales de dolor lleguen al cerebro. Esto se llama apertura de la puerta. Por otro lado, las fibras grandes, que transportan señales no nocivas como el tacto o el movimiento, activan las células de freno, reduciendo la actividad de las células de transmisión e impidiendo que las señales de dolor lleguen al cerebro. Esto se llama cierre de la puerta.

En otras palabras, las fibras pequeñas aumentan la actividad de las células de transmisión y las señales de dolor, mientras que las fibras grandes disminuyen la actividad de estas células, bloqueando las señales de dolor. Cuando ambos tipos de fibras están activos al mismo tiempo, tienen efectos opuestos en la transmisión del dolor. Este cierre de la puerta disminuirá o eliminará las señales de dolor que viajan al sistema nervioso central, permitiendo así que el dolor se perciba menos o no se perciba en absoluto.

Por lo tanto, frotar, moverse rápidamente y acariciar no son reacciones inútiles. Activan fibras grandes que bloquean las señales de dolor.

Aplicaciones de la vida real

Esta teoría revolucionaria se ha considerado como la explicación de algunas de las terapias para el dolor que se utilizan hoy en día, como la estimulación nerviosa eléctrica transcutánea (TENS) o la acupuntura.

La TENS utiliza corrientes eléctricas de baja intensidad aplicadas a la piel para aliviar el dolor. Aunque sus mecanismos exactos no están claros, la idea es que la TENS activa fibras nerviosas más grandes que "cierran la puerta" a las señales de dolor de las fibras nerviosas más pequeñas, impidiéndoles llegar al cerebro, tal como sugiere la teoría del control de la puerta.

La acupuntura podría funcionar de la misma manera. Al colocar agujas en puntos específicos del cuerpo, se cree que estimulan estas fibras nerviosas más grandes, cerrando así la puerta.

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