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Las ilusiones pueden requerir décadas de trabajo para que los expertos en visión y los neurocientíficos las perfeccionen, ya que están diseñadas para desentrañar y descubrir métodos muy específicos que nuestro cerebro utiliza para decodificar el mundo que nos rodea. Esto implica atajos que ahorran procesamiento mental y son, de hecho, muy precisos... el 99 % del tiempo. Aquí analizaremos el 1 % de las veces en que las cosas no coinciden con la realidad. Aquí hay 6 ejemplos que revelan diferentes maneras en que nuestro cerebro utiliza atajos perceptivos.

1. La ilusión del conejo

Sin revelar el video, este tipo especial de ilusión perceptiva demuestra un par de formas interesantes en las que funcionan nuestros procesos sensoriales, de las que generalmente no somos conscientes.

Tenga en cuenta que deberá activar el sonido.

1. Cómo el procesamiento sensorial intermodal puede activar un sentido para cambiar la experiencia de otro (pensemos en cómo el olfato influye en el gusto). En este caso, el sonido y la visión.

2. Cómo un estímulo futuro puede cambiar la percepción del pasado (en escalas temporales muy cortas). Un fenómeno conocido como «postdicción».

Aquí hay una ilustración gráfica del efecto.

2. El efecto Bezold

Esta ilusión se conoce como «efecto Bezold», en honor al meteorólogo que la descubrió hace más de un siglo.

Probablemente supusiste que las águilas son exactamente del mismo color. Aunque nuestros ojos perciben claramente las barras de color alternadas, al estar tan cerca, se produce una asimilación de color en nuestro procesamiento visual, también conocida como "diseminación".

Actúa como una especie de mezcla espacial de colores, pero realizada con el cerebro en lugar de con una paleta. Como ocurre con la mayoría de las ilusiones, el efecto depende de los estímulos; es decir, al aumentar la separación de las barras, se reduce el efecto.

Sin embargo, lo más interesante es que cuando se colocan grandes áreas de color unas junto a otras, ocurre lo contrario y el contraste de color en realidad provoca polarización.

Este tipo de ilusión demuestra claramente cómo la información espacial y la interpretación del color están estrechamente entrelazadas en nuestros sistemas visuales.

3. La ilusión de extinción de Ninios

Esta imagen fue creada por el neurocientífico de la Universidad de Utrecht, Ryota Kanai, y es una variación de una ilusión de cuadrícula.

Es interesante de dos maneras.

En primer lugar, hay una serie de puntos negros en la imagen, pero es complicado encontrarlos hasta que se escanea la mayor parte de la imagen moviendo el foco central.

En segundo lugar, al enfocar un punto negro, notarás que los demás puntos negros que veías desaparecen rápidamente. Al enfocar uno, solo se pueden percibir tres o cuatro simultáneamente.

Todavía existe cierto misterio y debate sobre los mecanismos visuales detrás de esta ilusión, pero una explicación parcial es nuestra sorprendente falta de capacidad para ver detalles fuera de nuestro foco central inmediato.

4. Ilusión de la rejilla curativa

Esta interesante ilusión de “red curativa” fue creada por el neurocientífico de la Universidad de Utrecht, Ryota Kanai.

Como se puede ver claramente, la imagen es regular en el centro, pero el patrón de la cuadrícula está roto en los lados.

Sin embargo, al simplemente enfocarse en el centro de la rejilla por un corto tiempo, notará que la rejilla se va alineando perfectamente de manera gradual, casi mágicamente (de ahí el nombre "curación").

Curiosamente, esto indica una preferencia natural de nuestro cerebro visual por percibir el orden en lugar del caos, materializando en efecto lo que no existe.

Esto tiene sentido desde una perspectiva ecológica, ya que cuando nos encontramos con cosas que están muy ordenadas o tienen patrones regulares que se repiten, sería inusual que esos patrones se rompieran.

En efecto, nuestros cerebros parecen estar preparados para extrapolar el orden, incluso cuando la información sensorial lo contradice.

Éste es un buen ejemplo superficial del “modelo interno”, donde construimos la mayor parte de la realidad que realmente experimentamos.

5. Control de movimiento

Muchas ilusiones visuales no se pueden controlar conscientemente, mientras que otras son bastante susceptibles.

Esta imagen es un ejemplo de una ilusión de movimiento particularmente intensa. Sin embargo, esto ocurre porque sentimos curiosidad visual inmediata y recorremos la imagen con el foco para comprenderla mejor (sin darnos cuenta).

Como explicó el profesor Faubert, experto mundial en visión, «este tipo de ilusiones se desencadenan esencialmente por movimientos oculares (o parpadeos) que generan transitorios interpretados por las neuronas motoras como movimiento, dependiendo del patrón».

En este caso, simplemente resistir ese impulso automático y concentrarse directamente en el punto central le permitirá disminuir la velocidad del movimiento y, con un poco de esfuerzo mental, detenerlo por completo.

De esta manera, las ilusiones visuales pueden actuar como una forma simple de neurofeedback, reflejando el control sobre nuestro enfoque visual y mental en tiempo real.

6. Perspectiva antropomórfica

Esta foto real es de la sede de una empresa de azulejos de cerámica en Inglaterra, mostrando lo que se puede hacer con los azulejos.

Probablemente ya lo habrás adivinado: se trata de una ilusión óptica compuesta por baldosas completamente planas. La técnica utiliza distorsiones en la disposición de los cuadrados que coinciden con lo que esperaríamos si la superficie fuera realmente curva, lo que se conoce como ilusión antropomórfica. El efecto solo funciona desde una perspectiva; en este caso, mirando hacia el pasillo.

En cierto modo, eso es fácil de racionalizar. Sin embargo, ahora imagina caminar por ese pasillo por primera vez y cuáles serían tus instintos físicos. ¿Mente sobre materia o materia sobre mente?

7. La ilusión de Ponzo

Esta sencilla imagen con un autobús copiado es un bonito y claro ejemplo de la ilusión de Ponzo.

Nuestro cerebro construye nuestra realidad visual basándose en señales contextuales, en lugar de simplemente en lo que vemos. En este caso, la perspectiva proporciona un fuerte sesgo que indica que el autobús más lejano debe ser relativamente mucho más grande que el más cercano.

Curiosamente, saber esto no ayuda mucho a percibirlos como del mismo tamaño, ya que el efecto es bastante poderoso.

La conclusión simple es que la realidad tiene más que ver con lo que predecimos inconscientemente que con la mera información visual directa que recibimos.

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