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La neurociencia se ha convertido en un término de moda últimamente, apareciendo con frecuencia en titulares por todo tipo de descubrimientos. El interés está justificado. A diferencia de la mayoría de los principales campos científicos, la neurociencia era prácticamente una ciencia incipiente hace apenas dos décadas. Sin embargo, ahora no, ya que cada año se producen una gran cantidad de avances en la investigación, lo que convierte a la neurociencia en un tema de gran actualidad. Analicemos algunas de las razones por las que este campo emergente de descubrimiento es realmente asombroso.
El cerebro humano es la estructura más compleja del universo conocido. Tenemos alrededor de 100 mil millones de células nerviosas, o neuronas, más que todas las estrellas de nuestra galaxia. Si cada una de esas neuronas se colocara una tras otra, podrían dar la vuelta a la Tierra dos veces. Es más, una sola neurona puede conectarse directamente con hasta 10 000 más. Esto da lugar a la asombrosa cifra de 100 billones o más de conexiones nerviosas. Aunque la inteligencia artificial crece rápidamente, aún palidece en comparación con la complejidad de nuestra materia gris.
En última instancia, lo que realmente hace extraordinario al cerebro es su capacidad. Es el único órgano conocido capaz de generar el tipo de conciencia superior asociada con el ingenio humano. Además, es una entidad que puede reorganizar su estructura y adaptarse a estímulos ambientales o fisiológicos, todo ello de forma autónoma.
Sin duda, existen enormes oportunidades para desentrañar los profundos secretos de la mente, lo que podría ayudar a responder a un sinfín de misterios sobre su funcionamiento. A nivel biológico, existen innumerables preguntas sobre cómo los grupos de neuronas se conectan a través de las redes neuronales para regular los sistemas del cuerpo y producir comportamientos complejos. A nivel filosófico, incluso promete comprender la naturaleza de la existencia y la vida misma. En cuanto a responder a grandes preguntas, la neurociencia es la madre de todas las ciencias.
En las últimas dos décadas se han producido avances extraordinarios en neurociencia, y la década de 2010 se conoce como «la década del cerebro». Tan solo en 2017 numerosos avances. A diferencia de otros sectores, existe una cultura progresista de colaboraciones internacionales e incluso enfoques de código abierto, como el Instituto Allen para la Ciencia del Cerebro. La neurociencia se está convirtiendo en un referente para el descubrimiento científico. En el otro extremo se encuentran institutos como DARPA, que invierten fuertemente en neurociencia para desarrollar tecnologías emergentes para uso militar.
En 2016, el mercado global de la neurociencia alcanzó un valor de 28.420 millones de dólares, y se prevé que crezca rápidamente en los próximos años. Esto se ve reflejado en un rápido aumento de la investigación neurocientífica en general, con China consolidándose como un actor clave que presiona a Estados Unidos en una carrera armamentística en el campo de la neurociencia. Iniciativas de inversión a nivel mundial, como la Iniciativa Cerebral , auguran numerosos avances científicos que superarán a los de cualquier otro ámbito científico.
Incluso las tecnologías de neurociencia que existen desde hace años son sumamente sofisticadas. Tomemos RM ): esta máquina utiliza ondas electromagnéticas para llevar los átomos del cuerpo a un estado de superposición cuántica, y luego los activa y desactiva repetidamente para liberar señales de energía, revelando un mapa de la actividad celular en tiempo real.
Las tecnologías actuales parecen sacadas de la ciencia ficción, como el uso de láseres para realizar cirugías cerebrales profundas de precisióno la optogenética para controlar células genéticamente modificadas. Adentrándonos en tecnologías casi futuristas, encontramos las conexiones directas entre el cerebro y las máquinas, conocidas como interfaces cerebro-computadora (ICC). Estas ya permiten a pacientes paralizados realizar tareas como escribir correos electrónicos o mover una mano para sostener a un ser querido.
Aunque no solemos pensar en la neurociencia cuando hablamos de nuestro bienestar, las neurotecnologías están llamadas a revolucionar el sector sanitario. Entre ellas se incluyen innovaciones como los electrofármacos para regular las señales nerviosas, la neuroregeneración para prevenir enfermedades como el Alzheimer y el Parkinson, la secuenciación genómica para ofrecer soluciones personalizadas para trastornos neurológicos e incluso la edición del genoma para prevenir enfermedades cognitivas.
Si bien la medicina y la cirugía tradicionales han tenido un gran éxito en la mejora de la salud de nuestro cuerpo, la neurociencia representa una panacea para curar enfermedades relacionadas con la mente y el sistema nervioso central. Con el aumento de la esperanza de vida en todo el mundo, tratar la salud a nivel cerebral será cada vez más importante para el bienestar humano global.
El cerebro posee niveles asombrosos de neuroplasticidad. Una prueba contundente de ello es la hemisferectomía, una operación que aún hoy desconcierta a los neurocientíficos. Es necesaria en casos de enfermedades potencialmente mortales como la epilepsia, donde literalmente hay que extirpar la mitad del cerebro. En teoría, esto debería ser devastador, ya que cada hemisferio cerebral gestiona funciones muy diferentes, como el control de un lado del cuerpo. Sin embargo, hasta la adolescencia, cuando se extirpa la mitad del cerebro, la otra mitad tiene la capacidad de reorganizarse y formar un cerebro completamente diferenciado, con hemisferios izquierdo y derecho distintos.
Esta neuroplasticidad implica que intervenciones de entrenamiento como NeuroTracker son prometedoras para optimizar las funciones cerebrales y mejorar el rendimiento en situaciones reales. Por ejemplo, NeuroTracker se ha demostrado que el entrenamiento mejora la precisión en la toma de decisiones en el fútbol competitivo en un 15 %. Si a esto le sumamos tecnologías de neurofeedback como el electroencefalograma (EEG), los beneficios de estas intervenciones pueden amplificarse para proporcionar un acondicionamiento mental altamente eficiente.
Más allá de la neuroplasticidad, también existe un creciente interés en potenciar directamente la actividad cerebral, por ejemplo, mediante la estimulación magnética transcraneal (EMT), que desactiva temporalmente ciertas regiones cerebrales para permitir que otras se activen al máximo. O, como ha estado investigando DARPA, mediante la aplicación de corrientes eléctricas al cerebro para mejorar la concentración y la atención. Incluso los atletas de resistencia han estado utilizando esta técnica para aumentar su tolerancia al dolor.
En resumen, la neurociencia no es solo un campo de investigación apasionante, sino un campo de innovaciones que probablemente mejorará nuestra forma de vida. Si quieres saber más sobre el porqué, consulta nuestros blogs relacionados.
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