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Con tantos mitos en torno al Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), a menudo es difícil distinguir la realidad de la ficción. ¿Pueden los genios tener TDAH? ¿Se puede tener TDAH siendo una persona tranquila? La realidad es que se estima que hay 6,4 millones de niños diagnosticados con TDAH solo en Estados Unidos. De hecho, este trastorno neuroconductual parece ser tan común como un resfriado. Pero aclaremos las cosas y desmintamos los 5 mitos sobre el TDAH.
Realidad: El TDAH es un término amplio y la afección puede variar de una persona a otra. Existen tres tipos principales de TDAH: inatento, hiperactivo-impulsivo y combinado. En el TDAH hiperactivo-impulsivo, la persona presenta síntomas de hiperactividad e impulsividad, pero no de falta de atención. Algunos de estos síntomas pueden incluir hablar excesivamente, interrumpir a los demás constantemente e incapacidad para esperar su turno.
Dato: Las personas con TDAH pueden hiperconcentrarse en cosas que les interesan. Por ello, existe la idea errónea de que, si quisieran, podrían concentrarse en otras tareas. Desafortunadamente, el TDAH no es un problema de fuerza de voluntad; es un problema químico que afecta a los sistemas de gestión del cerebro. Los neurocientíficos creen que la hiperconcentración se debe a niveles anormalmente bajos de dopamina. Esta deficiencia de dopamina dificulta el cambio de atención de una cosa a otra. Si están haciendo algo que disfrutan o que les resulta psicológicamente gratificante, tenderán a persistir en ese comportamiento. El cerebro de las personas con TDA se siente atraído por actividades que proporcionan gratificación instantánea.
Realidad: El TDAH suele solaparse con otros trastornos. Nuevos estudios han descubierto vínculos neurobiológicos directos entre el TDAH, el TOC y el autismo. Hasta el 70 % de las personas con TDAH sufrirán síntomas de depresión o ansiedad en algún momento de su vida. Además, una persona con TDAH tiene seis veces más probabilidades de padecer otro trastorno psiquiátrico o del aprendizaje que la mayoría de las demás personas. En ocasiones, estas comorbilidades surgen independientemente del TDAH. Sin embargo, también podrían ser consecuencia del estrés crónico y el desánimo que conlleva vivir con TDAH.
Realidad: El TDAH afecta a personas de todos los niveles de inteligencia. En un estudio realizado con niños con TDAH, todos ellos tenían un coeficiente intelectual (CI) de 120 o más. Esto los situaba en el 9 % superior de su grupo de edad en inteligencia básica. Todos los estudiantes del estudio presentaban deficiencias significativas en la memoria de trabajo y la velocidad de procesamiento. Un aspecto evidente fue su incapacidad crónica para aprovechar al máximo su inteligencia en un trabajo eficaz y para relacionarse con los demás.
Realidad: Muchos adultos pueden luchar durante toda su vida con síntomas de TDAH no reconocidos. El trastorno por déficit de atención suele manifestarse de forma muy diferente en adultos que en niños. Además, los síntomas son únicos para cada persona. En consecuencia, muchos adultos no reciben la ayuda que necesitan. Asumen que sus dificultades crónicas, como la depresión o la ansiedad, se deben a otros trastornos que no respondieron al tratamiento habitual.
Ahora ya conoces algunos datos sobre el TDAH, y aprender sobre él es el primer paso. Desde estrategias estructuradas hasta herramientas de entrenamiento cognitivo para el TDAH, las personas están encontrando maneras efectivas de controlar sus síntomas. Afortunadamente, existen muchas maneras en que las personas con este trastorno pueden ayudarse a sí mismas y controlar sus síntomas.
Si buscas más información sobre el TDAH, consulta este excelente recurso educativo del equipo de Edu Birdie.







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