Neurociencia
Equipo NeuroTrackerX
18 de noviembre de 2022
Imagen

Aunque la gente suele pensar que las ilusiones son percepciones erróneas, en realidad son ejemplos de la sofisticación de nuestros sistemas perceptivos. Sin pensamiento consciente, extrapolamos con gran eficiencia las señales sensoriales, lo que nos permite tomar grandes atajos en el procesamiento neuronal. Curiosamente, lograr que la IA también pueda ver ilusiones, al igual que nosotros, sería un paso clave en la prueba de Turing para lograr la Inteligencia Artificial de Visión General. Aquí presentamos cuatro de las ilusiones más fascinantes, fruto de los descubrimientos de la neurociencia que investigan cómo percibimos visualmente la realidad.

1. La ilusión del tráfico levantino

Esta imagen, creada científicamente, se llama «La Ilusión del Tráfico Leviante». Si observas con atención el centro, probablemente percibirás un movimiento rápido en las secciones circulares.

Aunque existen regiones especializadas de la corteza visual dedicadas a procesar el movimiento percibido, también pueden intervenir regiones que procesan patrones de luz estáticos y contrastantes. Este efecto se produce porque los anillos son isoluminantes, es decir, coinciden con el brillo medio de los rayos blanco y negro. Si el nivel de luminancia varía del rango medio, el efecto de movimiento desaparece rápidamente.

Una cosa particularmente interesante de esta ilusión es que el movimiento percibido es multiestable, lo que le permite aparecer como una rotación global en el sentido de las agujas del reloj o en sentido contrario.

También puede verse como un movimiento bidireccional local, con círculos alternos moviéndose en direcciones opuestas.

Estos efectos alternados representan el esfuerzo del cerebro para aprovechar señales visuales sutiles: lo que normalmente sería información significativa sobre el movimiento real en el mundo que lo rodea.

2. Contraste de brillo simultáneo

Esta imagen tan simple, con dos círculos del mismo tono de gris, desconcertó a los científicos durante más de un siglo. Revela nuestra capacidad para procesar lo que se conoce como «contraste de brillo simultáneo», que los pintores de cerámica chinos descubrieron e incorporaron a su arte hace más de 800 años.

Durante mucho tiempo se creyó que este efecto era un proceso cerebral de alto nivel que aprovechaba experiencias de aprendizaje previas sobre el funcionamiento del mundo. Esto fue así hasta hace poco, cuando investigadores del MIT estudiaron a niños ciegos en la India y descubrieron que eran susceptibles a esta ilusión desde el momento en que recuperaban la vista tras una cirugía.

Mediante experimentos posteriores, revelaron que esta estimación innata del brillo ocurre antes de que la información visual llegue a la corteza visual del cerebro (probablemente preprocesada por las neuronas retinianas). Se descubrió que las ilusiones de Müller-Lyer y Ponzo también tienen los mismos mecanismos subyacentes.

Este descubrimiento fue posible gracias al 'Proyecto Prakash', cuya misión es salvar a los niños de la ceguera evitable mientras responde preguntas científicas profundas.

3. Bolas de Chaz Firestone

Este es un efecto ilusorio particularmente fuerte, que nos hace ver bolas de diferentes colores. Esta ilusión 3D fue creada por David Novick, profesor de Educación en Ingeniería y Liderazgo en la Universidad de Texas. En sus propias palabras:

Una ilusión de confeti tricolor con esferas que parecen amarillentas, rojizas y violáceas, pero que en realidad tienen exactamente el mismo color base marrón claro (RGB 255, 188, 144). Al reducir la imagen, el efecto se intensifica

4. Agujero negro en expansión

Esta ilusión perceptiva de un agujero negro en expansión (spoiler: es una imagen estática) se utilizó para investigar un nuevo descubrimiento en neurociencia este verano.

El efecto ilusorio no es simplemente una interpretación perceptiva, sino que literalmente evoca una respuesta biológica: las pupilas se dilatan para dejar entrar más luz (en el 86 % de las personas). Esto también transmite una sensación de flujo óptico visual, similar a la de entrar en un túnel.

Esta investigación colaborativa, realizada por científicos en Oslo y Japón, demuestra que el reflejo pupilar a la luz puede depender del entorno percibido, más que de la realidad física. Esto resulta sorprendente, ya que nuestras pupilas no cambian de apertura mientras soñamos, independientemente del sueño.

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